Cuando gritar es peor que pegar I

Es innegable que las palabras tienen un inmenso poder, con ellas podemos comunicar nuestras ideas, emociones, fijar nuestros objetivos y metas.

Las palabras se han transformado para los seres humanos en los barcos que transportan nuestros sueños pero así también son un arma de destrucción masiva lista para ser usada.

Muchas veces herimos a través de nuestras palabras a personas que jamás habríamos pensado, solo nos percatamos de ello cuando es demasiado tarde.

Nueva generación

Hoy hay una generación completa de padres que creció en la era de los castigos físicos y que por lo mismo juró que nunca les pegaría a sus hijos. El problema es que el esquema de ira y frustración que sustentaba el viejo modelo de los correazos y los coscorrones no despareció mágicamente solo porque una generación de padres bien intencionados así lo quiere. Ahora la ira no lleva a los golpes como antaño, pero a menudo lleva a los gritos. Y ese simple hecho de levantar la voz, dependiendo de qué se dice y qué tan a menudo se dice, puede tener el potencial de causar daño a largo plazo.

Cuando una madre o un padre están cara a cara frente a su hijo gritándole con evidente ira o frustración, los expertos en crecimiento y desarrollo se preocupan por el impacto que semejante evento de agresión sicológica pueda tener. En esos momentos algunos padres pierden el control y aunque puede que no golpeen, las palabras que le dicen a un niño, especialmente si esas palabras incluyen insultos y amenazas, pueden causar un daño duradero.

Muchos padres están de acuerdo con estos puntos de vista y aceptan que no se les debe gritar a los hijos para corregirles o controlar comportamientos indeseados, pero son muchos también los que dicen que está bien un grito de advertencia cuando un niño va a hacer algo potencialmente peligroso. Se trata de levantar la voz para llamar la atención, no para agredir o insultar. El lenguaje degradante no se debe usar con los niños.

Esa es la clave, el contexto en el que se dicen las cosas. Decirle a un niño que no vale nada, que es inservible, es diferente que llamarle la atención con voz recia para que recoja la ropa sucia. El daño se hace cuando se ataca el yo interno de un niño o su autoestima con expresiones como “ya no te quiero” u “ojala no te hubiera tenido”.

Continúa parte II…

RASGOS DE PERSONALIDAD EN NIÑOS CON PADRES  VIOLENTOS

2 pensamientos en “Cuando gritar es peor que pegar I

  1. Me gustó lo que escribiste, a todos nos ha tocado recibir unos cuantos golpes envueltos en sarcasmos y palabras hirientes, como dice alguien maravillosisimo por ahí, la violencia no es sólo física, sino sobretodo psicológica… cariños.

    • Es un tema del cual hay que hablar en las familias , que los niños no sean maltratados ni que ellos maltraten a otros con sus palabras .
      De esta manera lograremos adultos más equilibrados y empáticos.
      Cariños también a ti.

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